“Merece lo que sueñas” (PUNTOS DE PARTIDA)

Aprender a dudar es aprender a pensar, decía Octavio Paz y esto me vuelve a llevar al problema del paso del tiempo a las desapariciones, a lo que se desvanece, a las poéticas del tránsito de las que hablábamos ayer en clase.
Esta es la fotografía de Josef Koudelka a la que me refería, el momento justo de la invasión soviética en Praga. Un reloj marca un tiempo que ya ha dejado de existir con el mismo clik de la propia instantánea. 
Las avenidas vacías, tiempo en espera, como la ilusión de un instante detenido para siempre, para que no ocurra, para que no pase lo que ha de ocurrir.
El tiempo reversible de la ciencia aquí no opera, la irreversibilidad late en el humus de lo vivo.
Koudelka ha seguido fotografiando los cambios, las imágenes panorámicas de la Europa central postcomunista, un mundo en desaparición, que pronto ya no existirá, como los paisajes entrópicos de Robert Smithson, o las heterotopías de Foucault: 

Josef Koudelka 1968. CZECHOSLOVAKIA. Prague. August  Warsaw Pact troops invade Prague.

Josef Koudelka 1987 FRANCE. Hauts-de-Seine. Parc de Sceaux. 1987.

El espacio que habitamos, que nos hace salir fuera de nosotros mismos, en el cual justamente se produce la erosión de nuestra vida, de nuestro tiempo y de nuestra historia, este espacio que nos consume y avejenta es también en sí mismo un espacio heterogéneo. (…) vivimos en el interior de un conjunto de relaciones que determinan ubicaciones mutuamente irreductibles y en modo alguno superponibles.

Michel Foucault / Los espacios otros

 Josef Koudelka 2009. Shu’fat Refugee Camp, overlooking Al ‘Isawiya, East Jerusalem

  Josef Koudelka 1993. CZECH REPUBLIC. Black Triangle region (Ore Mountains). The limit of a coal-mine

 Josef Koudelka 1991. CZECHOSLOVAKIA. Region of the Black Triangle (Ore Mountains). 


 “Merece lo que sueñas” 

(PUNTOS DE PARTIDA)
I
PALABRAS, ganancias de un cuarto de hora arrancado al árbol calcinado del lenguaje, entre los buenos días y las buenas noches, puertas de entrada y salida y entrada de un corredor que va de ninguna parte a ningún lado.
Damos vueltas y vueltas en el vientre animal, en el vientre mineral, en el vientre temporal. Encontrar la salida: el poema.
Obstinación de ese rostro donde se quiebran mis miradas. Frente armada, invicta ante un paisaje en ruinas, tras el asalto al secreto. Melancolía de volcán.
La benévola jeta de piedra de cartón del jefe, del Conductor, fetiche del siglo; los yo, tú, él tejedores de telarañas, pronombre armados de uñas; las divinidades sin rostro, abstractas. Él y nosotros, Nosotros y Él: nadie y ninguno. Dios padre se venga en todos estos ídolos.
El instante se congela, blancura compacta que ciega y no responde y se desvanece, témpano empujado por corrientes circulares. Ha de volver.
Arrancar las máscaras de la fantasía, clavar una pica en el centro sensible: provocar la erupción.
Cortar el cordón umbilical, matar bien a la Madre: crimen que el poeta moderno cometió por todos, en nombre de todos. Toca al nuevo poeta descubrir a la Mujer.
II
Hablar por hablar, arrancar sones a la desesperada, escribir al dictado lo que dice el vuelo de la mosca, ennegrecer. El tiempo se abre en dos: hora del salto mortal.
Palabras, frases, sílabas, astros que giran alrededor de un cetro fijo. Dos cuerpos, muchos seres que se encuentran en una palabra. El papel se cubre de letras indelebles, que nadie dijo, que nadie dictó, que han caído allí y arden y queman y se apagan. Así pues, existe la poesía, el amor existe. y si yo no existo, existes tú.
Por todas partes los solitarios forzados empiezan a crear las palabras del nuevo diálogo.
El chorro de agua. La bocanada de salud. Una muchacha reclinada sobre su pasado. El vino, el fuego, la guitarra, la sobremesa. Un muro de terciopelo rojo en una plaza de pueblo. Las aclamaciones, la caballería reluciente entrando en la ciudad, el pueblo en vilo: ¡himnos! La irrupción de lo blanco, de lo verde, de lo llameante. Lo demasiado fácil, lo que se escribe solo: la poesía.
El poema prepara un orden amoroso. Preveo un hombre-sol y una mujer-luna, el uno libre de su poder, la otra libre de su esclavitud, y amores implacables rayando el espacio negro. Todo ha de ceder a esas águilas incandescentes.
Por las almenas de tu frente el canto alborea. La justicia poética incendia campos de oprobio: no hay sitio para la nostalgia, el yo, el nombre propio.
Todo poema se cumple a expensas del poeta.
Mediodía futuro, árbol inmenso de follaje invisible. En las plazas cantan los hombres y las mujeres el canto solar, surtidor de transparencias. Me cubre la marejada amarilla: nada mío ha de hablar por mi boca.
Cuando la Historia duerme, habla en sueños: en la frente del pueblo dormido el poema es una constelación de sangre. Cuando la Historia despierta, la imagen se hace acto, acontece el poema: la poesía entra en acción.
Merece lo que sueñas.

Octavio Paz, Libertad bajo palabra, Cátedra, Madrid, 1990.

Josef Koudelka 2012. JORDAN. Amman

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